Están disueltos, pues

¿Cómo impulsa la Argentina los emprendimientos?

Entrevista al Director Nacional de Capital Emprendedor

Publicado: 2019-12-02
Tomas Taussig, Director Nacional de Capital Emprendedor del Ministerio de Producción y Trabajo de la Nación Argentina, nos habla sobre el fomento a los emprendedores desde el Estado argentino.

¿Cuál es el marco para el desarrollo del ecosistema emprendedor argentino?
El ecosistema emprendedor argentino tiene varios años de creación y en Latinoamérica es uno de los más avanzados. Ello, pese a que no venía contando con una política de Estado hasta que se dió la Ley 27349 de Apoyo al Capital Emprendedor en marzo de 2017. Esta Ley tiene como objetivo dinamizar la industria del capital emprendedor, con un especial foco en los emprendedores dinámicos. La Ley tiene 4 títulos claves: 1) la creación de una sociedad por acciones simplificada, un nuevo tipo societario más ágil, más flexible y 100% digital; 2) una regulación para los crowfunding de equity, donde hemos tenido una sobre regulación y no se ha logrado el incentivo deseado para la plataforma privada, 3) un fideicomiso público que sirve para que el Estado co invierta en StartUps junto con el sector privado y; finalmente, 4) beneficios fiscales para inversores en emprendimientos para atraer el capital disponible en Argentina hacia el mundo de la innovación y los emprendedores.
¿Cuáles son las principales lecciones aprendidas que tienen desde su experiencia?

Tenemos dos principios rectores. El primero es que todo esfuerzo público tiene que apalancar esfuerzo del sector privado. A veces el público pone dinero y el privado capacita y mentorea; aunque la mayoría de las veces son ambas partes financiamiento. Es interesante el caso de Israel que en 1993 hizo un esfuerzo grande para implementar 10 fondos donde colocaron 100 millones de dólares. Este es un esquema que hemos tomado, y si volvemos a mirar Israel hoy en día, esta industria debe estar en el orden de los 1.6 billones de dólares (a 2016), donde ya el Estado israelí prácticamente no tiene participación en esa inversión.

Otro punto clave desde el sector público es la cocreación con el privado. Tiene que haber mucho foco en entender la real necesidad del emprendedor y del inversionista. En nuestro caso hemos hecho un esfuerzo para trabajar con las entidades que representan, por un lado, a los emprendedores con ASEA (Asociación de Emprendedores de Argentina); y por otro lado, con ARCAP (Asociación Argentina de Capital Privado, Emprendedor y Semilla), a las que se suman otras organizaciones como Endeavor. Es clave entender este triángulo de relaciones. Si entendemos bien esta necesidad entonces vamos a poder legislar mejor.

Ahora bien, con respecto al financiamiento a emprendedores y la industria de Capital Emprendedor, lo primero que hay que hacer es estudiar todo lo que ya se hizo. Nos interesa conocer no solo los casos típicos como Israel o Estado Unidos, sino los casos de Latinoamérica como México, Brasil, Chile, Colombia o Uruguay que son referentes interesantes para nosotros. Esto es básico para conocer las razones de qué funcionó y qué no funcionó. Hay un libro que es como la biblia para de las políticas públicas para emprendedores que se titula The Boulevard of Broken Dreams. Todo ello para hacer un buen Benchmark como punto de partida.

¿Cómo han estructurado los programas para impulsar el desarrollo emprendedor en la Argentina?

Nosotros tenemos tres programas. El primero es un fondo semilla que es un préstamo de honor, que hoy entrega 4 mil  dólares con una tasa de 0% de interés. De honor significa que, si el emprendimiento tiene éxito devuelve el dinero y sino lo justifica y no lo devuelve. Para este mecanismo trabajamos con una red de incubadoras que tienen que mentorear el proyecto, capacitarlo, ayudarlo a armar el plan de negocios, etc.

Luego tenemos un fondo, muy parecido al que veníamos hablando del caso israelí. En este sistema, el Estado nunca tiene que seleccionar los proyectos. Esto no solo por transparencia, sino que es un tema de capacidades y especialización. Es mejor que una aceleradora o un fondo que gestiona su propio capital, capital de terceros e incluso dinero del Estado sea quien ejecute esta identificación. Para uno de estos casos, por ejemplo, trajimos un jurado internacional de excelencia mundial quienes evaluaron a las mejores aceleradores en la Argentina; y a su vez, estos determinen quienes son los emprendedores con mayor potencial. Inicialmente elegimos 13 aceleradores, ahora tenemos 11 que han quedado, y eso es parte del aprendizaje. A estas aceleradores les subsidiamos sus costos operativos para que tengan mejores equipos, personal, tecnología e incluso laboratorios. Además, coinvertimos con ellas en los emprendimientos. Las aceleradoras hacen el scouting y nos solicitan la coinversión, nosotros solo revisamos las formalidades requeridas para ello, y si todo está en orden desembolsamos.

Para las tecnológicas la coinversión es del 1 a 1, hasta por 50 mil dólares de inversión pública. Y para el caso de las científicas, donde la lógica es distinta, con inversiones que requieren mayores plazos y montos, nuestro esfuerzo es mayor con un 2 a 1 y hasta los 300 mil dólares de inversión pública, donde el privado pone 150 mil dólares. En este tipo de mecanismos ya vamos por el segundo año de licencia con las aceleradoras con más de 50 proyectos con una inversión público- privada de algo más de 10 millones de dólares, y en general con una inversión del orden de 45% por el sector privado y un 55% por el sector público. Los proyectos son diversos, hay de Fintech, Biotech, Edtech, Adtech, logística, software y de otros tipos.

Ustedes ya no hacen concursos.

Estamos en un estadio en el cual nosotros no hacemos concursos, trabajamos directamente con las aceleradores quienes implementan sus propios mecanismos de selección para identificar a los emprendimientos con mayor capacidad de crecimiento. A las aceleradoras les otorgamos una licencia por cuatro años renovable anualmente. Cada aceleradora tiene libertad de organizarse, algunas lo hacen por concurso, otras con sistemas de scouting y así.

Respecto a concursos a nivel nacional, lo que tenemos es el fondo semilla. Inicialmente había una ventanilla abierta, es decir no había concurso, sino la posibilidad de aplicar directamente y, si el emprendimiento pasaba la evaluación, se financiaba.

Recientemente, estamos desarrollando un concurso piloto con Naciones Unidas. Es un fondo pequeño para siete proyectos, que además de ser innovadores y de alto impacto atacan una problema social y/o ambiental identificado en los ODS. Pero este es un formato pequeño, por eso lo hicimos mediante concurso. Para este, aplicaron 150 proyectos, seleccionamos 15 finalistas y finalmente tenemos 7 ganadores.

Y las aceleradoras apuntan al extremo más desarrollado del emprendimiento.

Para las aceleradoras, que son inversiones de riesgo, hay una matemática de tendencia global: de cada 10 proyectos, hay unos 4 que mueren, 4 que sobreviven, y 1 quizá 2 que pueden ser los futuros unicornios. Estos emprendimientos de éxito logran un performance que permite pagar todo el financiamiento del portafolio. Esta inversión en etapa temprana en proyectos innovadores y disruptivos es de alto riesgo, con una tasa de muerte muy alta y, por ello, el retorno esperado del inversionista es también alto. Por ello, se apunta a proyectos con un potencial de crecimiento veloz y alto.

Para estos emprendimientos de rápido crecimiento y alta rentabilidad, los inversores esperan que el mercado sea en principio Latinoamérica y después el mundo. Un proyecto que toma como mercado un solo país no genera la ganancia suficiente para pagar el retorno esperado asociado al riesgo de este tipo de proyectos. En estos casos, cada aceleradora negocia, y si bien cada una tiene su propio modelo, en general toman entre el 15% y el 20% por 50 mil dólares de inversión.

Nosotros, como Estado, utilizamos un instrumento jurídico que se llama “Asistencia financiera de liquidación condicionada” mediante el cual también tenemos el mismo porcentaje, digamos 15%, pero no nos involucramos en la toma de decisiones. Y, si hay un evento de liquidez, el Estado cobrará su parte. Si a la empresa le va mal, la aceleradora y nosotros perderemos nuestra inversión. Como Estado no podemos estar metidos en las decisiones de la compañía, lo que además alejaría a futuros inversores.

¿Esta es una cultura nueva para el Estado?

Hay una tensión fuerte, ya que es dinero de los contribuyentes argentinos y se busca que el dinero quede en la Argentina y produzca empleo aquí. Pero a la vez, estás en un mercado global que busca su expansión en otros países. Hay que considerar que nuestro mercado está comenzando y no tenemos tanto financiamiento. 

Si tomamos las cifras de ARCAP, en el 2016 teníamos 25 millones de dólares de inversión en capital emprendedor, 125 millones en el 2017, 160 millones en el 2018 y 160 millones en el primer semestre 2019.

Esta industria es un oasis si consideramos la situación macroeconómica que tuvo Argentina en estos años. Estos programas con 3 fondos y 3 aceleradoras terminan teniendo un efecto en cadena con otros fondos y aceleradoras e inversores. Este dinamismo que tuvo como chispa inicial al Estado, empieza a tener un impacto en el resto del sector, hay nuevos fondos corporativos e internacionales que llegan. Pero, pese a todo ello, todavía no es tan fácil acceder al capital.

¿Y cómo es la relación con los fondos globales que también buscan estos perfiles para sus financiamientos de riesgo?

Déjame poner el ejemplo de Softbank que acaba de invertir en la ronda de 150 millones de dólares en Ualá, una fintech argentina. Pero todavía las principales inversiones logradas son del orden de los 5 millones de dólares, lo que muestra que todavía estamos en un escenario más local. La competencia global está en etapas más avanzadas.

Como Estado hemos determinado una serie de requisitos en base a donde están los founders, los clientes, los proveedores, los empleados siendo lo más flexibles posible pero asegurándonos de alguna manera que la sede central de cada emprendimiento esté en Argentina, que el corazón de la startup esté en Argentina.

¿Es difícil llegar a este punto con emprendimientos tempranos? 

Para las etapas tempranas, hay que considerar que el financiamiento es el último escalón de una política pública que es amplia. La lógica es comenzar con la sensibilización de la cultura emprendedora. Recordemos que en la Argentina y en las provincias hay un porcentaje alto de empleados públicos y todavía mucha gente espera trabajar para el Estado o una gran empresa; todavía la cultura emprendedora no está arraigada en nuestra sociedad. Este es un trabajo que se desarrolla a nivel nacional.

Tenemos una academia Argentina Emprende que desarrolla los conceptos y habilidades básicas para los emprendedores. También tenemos un proyecto para desarrollar habilidades de programación hacia iniciativas emprendedoras.

Pero hay que rescatar que toda política pública requiere una red federal en todo el territorio. En esta red es clave articular con municipios, gobiernos provinciales, universidades, fundaciones y un conjunto amplio de actores. Las incubadoras de esta red son las que presentan los proyectos a nuestros fondos semilla. Aquí, por ejemplo, también tenemos los clubes de emprendedores que son espacios de coworking.

¿Y pasada esta etapa temprana?
También tenemos un fondo de expansión que le continúa al fondo de aceleración. Es un programa donde se interviene en rondas de medio millón de dólares hacia arriba aproximadamente. Aquí somos inversores en tres fondos de Venture Capital. Hemos comprometido 12 millones de dólares del Estado, siempre que el privado ponga 18 millones.
¿Cómo llevan el reto de impulsar estas inversiones desde el Estado?

Este es un sector nuevo en el cual el privado sigue aprendiendo y generando conocimiento. Ese mismo desafío es mucho mayor desde el sector pública donde los cambios cuestan más y toman más tiempo.

Por otro lado, hay estudios que demuestran que las inversiones de venture capital permiten llegar a recursos humanos de alta especialización y retener este talento humano, además de exportar servicios. Su valor no está solo en sí mismos, sino que tienen un potencial de transformar un sector, tal es el ejemplo de Mercado Libre, esta empresa cambió la forma de hacer comercio, y hoy están cambiando la forma de realizar pagos. Hay cambios profundos que estas empresas generan.

Hoy la gran corporación no está capacitada para innovar disruptivamente. Son los emprendedores quienes logran esta innovación, y no lo hacen con financiamiento de los bancos sino mediante inversión privada especializada en emprendimientos. Si queremos estar en esta ola de innovación el Estado debe estar presente. También es cierto que hay grandes industrias en las cuáles hay barreras de ingreso, pero cada vez más estas industrias serán las menos.

¿Cuál es el mayor riesgo para el Estado en estas inversiones?

El viejo paradigma de la innovación, como lo señala el libro Open Innovation de Henry Chesbrough, es como el ajedrez, donde uno conoce todo lo que había sobre la mesa, los recursos de tus competidores y sabes cómo operaban los recursos. El nuevo paradigma de innovación de hoy, es un modelo abierto, como una partida de póker, donde no sabés todas tus cartas ni sabés las cartas de tus competidores. Lo único seguro es que sino pagas por ver estás fuera. 

El mayor riesgo es no estar en esta industria.

La principal ventaja es que la tecnología que está a la base es inclusiva y produce cambios positivos para nuestra sociedad.


Escrito por

manuelbernales

Experiencia en transformación de conflictos, cambio organizacional y reforma del sistema de justicia. manolobernales@gmail.com


Publicado en

Inversión Sostenible

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