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EL TERCER LADO Y LOS 10 ROLES QUE PODEMOS TENER PARA PREVENIR, RESOLVER O CONTENER LOS CONFLICTOS

                                       AUTOR WILLIAM URY

Publicado: 2017-04-14

El Tercer Lado es una forma de ver los conflictos que nos rodean no sólo desde un lado, o el otro, si no desde una más amplia perspectiva: la de la comunidad que lo circunda. Usted puede tener simpatías naturales por una parte o la otra, pero aun así puede escoger el Tercer Lado.  

Cualquiera de nosotros puede asumir el Tercer Lado en cualquier momento, en nuestras casas, en el trabajo, en la comunidad, y en el mundo. El Tercer Lado está formado tanto por los de adentro (amigos, familiares o incluso las propias partes) quienes a su vez son apoyados activamente por los de afuera (vecinos, neutrales).

ROLES QUE TODOS USAMOS

Estos son los 10 roles que los Terceros pueden cumplir para ayudar a transformar un conflicto. 

El Proveedor – Permitiendo a las personas la satisfacción de sus necesidades

El conflicto generalmente surge de las necesidades frustradas, como la necesidad de amor y respeto. La frustración conduce a las personas a intimidar a los demás, a usar la violencia, y a hurtar las cosas ajenas. Las necesidades humanas básicas son la alimentación (y demás condiciones de vida), seguridad, identidad y libertad. Si nosotros, como los del tercer lado podemos ayudar a las personas a encarar una o más de estas cuatro necesidades, podemos evitar el conflicto destructivo. Este es el rol del Proveedor.

El Maestro – Dando a las personas las habilidades para manejar el conflicto

A veces las personas pelean simplemente porque no conocen otra manera de reaccionar cuando ven frustrada una necesidad o cuando surge una diferencia seria. Ayudando a las personas a aprender nuevos valores y habilidades, y asumir nuevas perspectivas, nosotros, como maestros, podemos mostrarles una mejor manera de manejar las diferencias.

El Constructor de Puentes – Estableciendo relaciones a través de las líneas de conflicto

Buenas relaciones son la clave para prevenir el conflicto. Cualquiera puede ayudar a tender relaciones que crucen las líneas divisorias naturales. Tales relaciones operan como un depósito bancario: cuando surge una dificultad, las partes pueden apelar a su cuenta de buena voluntad para ayudarse a abordar el problema. La construcción de puentes ocurre siempre alrededor nuestro, a veces sin que siquiera la percibamos: en las cenas de familia, proyectos en la escuela, en transacciones comerciales, y en reuniones vecinales.

El Mediador – Reconciliando intereses en conflicto

En el núcleo del conflicto existen siempre intereses conflictivos. Como Mediadores, podemos reconciliar los intereses de las partes. El mediador no pretende determinar quien tiene la razón y quién está equivocado, sino que trata de ubicar el núcleo de la disputa y ayudar a las partes a resolverla. Puede que no pensemos que ello es mediación, pero estamos mediando cada vez que escuchamos atentamente a las personas en conflicto, cuando les preguntamos qué es lo que desean, cuando les sugerimos posibles enfoques y cuando les urgimos a pensar seriamente en los costos de no llegar a un acuerdo.

El Arbitro – Determinando Derechos en Disputa

A veces la mediación o no es suficiente para resolver una disputa o no es apropiada porque se están violando derechos fundamentales. Mientras un Mediador sólo puede sugerir una solución, un Arbitro puede decidir qué es lo correcto. La figura del Árbitro nos resulta familiar; la encarna el juez en la corte de justicia y sabemos que el arbitraje es común en los casos laborales. En términos más informales, son Árbitros el maestro que resuelve una disputa entre dos alumnos, el padre que toma una decisión que afecta a dos hijos, o el gerente que decide cómo se resolverá una controversia entre dos empleados. En este sentido, potencialmente todos somos Árbitros.

El Equilibrador – Democratizando el Poder

Un conflicto se produce siempre en el contexto más amplio de una relación de poder. El desequilibrio de poder a menudo conduce al abuso y la injusticia. Los fuertes se niegan a negociar con los débiles, o a someter la disputa a la mediación o al arbitraje. ¿Por qué deberíamos hacerlo, si podemos ganar?, piensan. En este punto puede realizar su aporte el Equilibrador. Todos tenemos una cierta porción de poder, algún grado de influencia sobre las partes que nos rodean. Es posible que como individuos nuestra influencia sea pequeña, pero colectivamente puede ser considerable. Somos capaces de fortalecer a los débiles y no representados, para que puedan negociar una solución justa y mutuamente satisfactoria.

El Sanador – Reparando Relaciones dañadas

En el núcleo de muchos conflictos hay emociones: cólera, miedo, humillación, odio, inseguridad y aflicción. Las heridas pueden ser profundas. Incluso cuando un conflicto parece resuelto después de un proceso de mediación, arbitraje o votación, es posible que las heridas subsistan y, junto a ellas, el peligro de recurrencia. Un conflicto no se puede considerar totalmente resuelto sino hasta que haya comenzado a sanar la herida dañada. El rol del Sanador es ayudar en este proceso.

El Testigo – Prestar atención a la escalada

El conflicto destructivo no sólo estalla sino que también escala desde la tensión, al conflicto abierto hasta la violencia. A través de la observación atenta, el Testigo puede detectar señales de alerta, las cuales, pueden prevenir la escalada del conflicto e incluso salvar vidas. Un testigo puede también hablar para persuadir a las partes a cesar la pelea y hacer sonar la alarma para llamar a otros del Tercer Lado que pueden intervenir como mediadores, guardianes de la paz, u otros testigos.

El Referee – Estableciendo Límites para la lucha

Algo de lucha puede ser saludable. Con una pelea se puede limpiar el ambiente y poner en evidencia problemas ocultos. Cuando la gente pelea es importante reducir el daño. Esta es la función del referee, que pone límites a la lucha. Los padres conocen perfectamente este rol: “Esta bien con almohadas, pero no con los puños”, “No se golpeen encima del cuello ni debajo de la cintura”. Como referees podemos cambiar el modo en que la gente pelea, reemplazando los armas y los métodos más destructivos por otros que sean menos peligrosos.

El Guardián de la Paz – Proveyendo protección

Cuando se violan las reglas y los límites establecidos para la lucha, la comunidad necesita tomar las mínimas medidas de fuerza que puedan detener el conflicto dañino. No necesariamente el Guardián de la Paz debe ser un especialista, como la policía y las Fuerzas de Paz de las Naciones Unidas, ya que el mantenimiento de la paz es una tarea en la comunidad que cualquiera puede ser llamado a cumplir. Cuando dos chicos pelean, el adulto puede ponerse en medio y, si es necesario, apartarlos físicamente. Los mejores Guardianes de la Paz nunca pelean. Nunca lo hacen porque no tienen necesidad de hacerlo. Logran sus fines interviniendo tempranamente y empleando la persuasión.

Si desea conocer más de esto, explorar, crecer y sumar para la prevención, resolución y contención de conflictos para transformarlos siga EL TERCER LADO

AQUÍ Mas detalles sobre los 10 ROLES 





Escrito por

Luis E. Ore Ibarra

Abogado Mediador Consultor Internacional en Negociaciones y Procesos de Consenso, Ex Presidente de la Sección Internacional de ACR (EE.UU.)


Publicado en

Inversión Sostenible

Tres miradas para solucionar los problemas y conflictos asociados al desarrollo.